IXMIQUILPAN, HGO.— Este 7 de septiembre, Ixmiquilpan vive una de las jornadas religiosas y culturales más importantes del Valle del Mezquital: la Magna Procesión del Señor de Jalpan, una tradición que este 2026 cumple 80 años de realizarse y que nuevamente reunirá a comunidades, mayordomías y familias enteras alrededor de una devoción que forma parte de la identidad del municipio. 

La historia del Señor de Jalpan en Ixmiquilpan se remonta a 1770. La memoria colectiva señala que la imagen llegó a la población aquel año y, con el paso de las generaciones, su veneración adquirió una enorme fuerza. Investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia documentan la existencia de un culto activo desde el siglo XVIII y señalan que, durante la Guerra Cristera, la imagen fue considerada protectora de la comunidad, razón por la cual llegó a recibir el título de “Generalísimo”

La procesión como hoy se conoce comenzó el 7 de septiembre de 1946. Desde entonces, la fecha se convirtió en uno de los momentos centrales de las fiestas. Para este año, la celebración llega a su edición número 80, al tiempo que se conmemoran 256 años de la llegada de la imagen a Ixmiquilpan

Pero la procesión va mucho más allá de caminar detrás de una imagen religiosa. Su sentido es también comunitario: los barrios y comunidades preparan el camino para recibir al Señor de Jalpan y presentar sus ofrendas, agradecer por las bendiciones recibidas y pedir protección para el siguiente ciclo. La investigación histórica del INAH explica que los tapetes, arcos florales y arcos de semillas funcionan precisamente como una ofrenda colectiva

Y son precisamente los tradicionales tapetes los que transforman las calles de Ixmiquilpan cada 7 de septiembre. Desde muy temprano, familias enteras trabajan con aserrín de colores, arena, flores y otros materiales, plasmando imágenes religiosas, flores, figuras geométricas y elementos propios de la cultura del Valle del Mezquital. No son únicamente decoración: son horas de trabajo que finalmente quedan bajo el paso de la imagen, en un gesto efímero de fe y entrega. 

Este 2026, 24 comunidades confirmaron su participación en la elaboración de arcos y tapetes; la ruta especial contempla aproximadamente cinco kilómetros y llegará hasta los barrios de San Antonio y San Nicolás. La organización de las festividades involucra además a decenas de mayordomías y familias de comunidades de Ixmiquilpan y municipios vecinos. 

Así, cada 7 de septiembre, Ixmiquilpan vuelve a hacer algo que ha aprendido durante generaciones: convertir sus calles en una ofrenda. Durante unas horas, el asfalto desaparece bajo colores, flores y símbolos; las campanas, la música, el incienso y la oración acompañan el recorrido.

Porque la procesión del Señor de Jalpan no solamente cuenta una historia religiosa. Cuenta también la historia de un pueblo que durante siglos ha encontrado en la organización comunitaria, la tradición y la fe una manera de reconocerse y permanecer unido.

Hoy Ixmiquilpan vuelve a caminar sobre su propia historia.

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